La interrupción de flujos petroleros por el Estrecho de Ormuz no ha llevado al precio del crudo tan arriba como podría esperarse porque existe otro problema en la cadena: una parte de la capacidad mundial para transformar petróleo en gasolina, diésel y otros combustibles está fuera de servicio o limitada. Esa es la explicación planteada por el Premio de Economía 2008, Paul Krugman, y es relevante para consumidores y empresas porque significa que un barril relativamente contenido no garantiza combustibles baratos. La presión sobre las refinerías está documentada por la Agencia Internacional de Energía (AIE), mientras que el posible repunte de la inflación estadounidense señalado por Krugman sigue siendo una previsión y no un dato confirmado.
De acuerdo con información publicada por Reforma y con el análisis original de Krugman, el economista sostiene que el mercado enfrenta un problema que ocurre después de extraer el petróleo: hay crudo disponible que no puede transformarse con la misma facilidad en los productos que realmente utilizan hogares, automóviles, aviones y empresas. Datos recientes de la AIE coinciden en que los márgenes de refinación continuaron aumentando durante agosto y alcanzaron nuevos récords en Europa.
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