Sin embargo, se está sustituyendo el combustible de combustión, el tradicional, por una propulsión eléctricas que funciona por medio de unas baterías que, tanto en la producción como a la hora de reciclarlas, supone un verdadero problema en este sentido, un reto que hay que abordar y que muchos pasan por alto.
En China, donde la electrización va un paso por delante de todo el mundo, la gestión de dichas baterías ha derivado en un negocio millonario, que, por desgracias, es dominado por talleres clandestinos y redes ilegales que ponen el peligro la seguridad ambiental y la propia credibilidad de los coches eléctricos.
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